Los cinco bodegones que no te podés perder

En la Ciudad Autónoma Buenos Aires, entre aromas y rusticidad, perduran cinco perlas gastronómicas, donde cualquier comensal sucumbirá ante sus platos caseros y la de sus porciones extralarge. Allí es donde el tiempo se detiene, y entre camisetas de fútbol y fotos de famosos que algún día se embelesaron con sus sabores, comienza el espectáculo.

La torre de Babel gastronómica se desenvuelve, al ritmo de la tarantela con la llegada de la entrada, con un paso doble para el plato principal, y la sobremesa cuando llega la hora del postre y café se transforma en un tango. Estas reliquias porteñas son eso: un mix de culturas donde acuden ciudadanos locales y del mundo, todos con ansias de saciar sus apetencias.

La mesa está servida.

El puesto numero 1 se lo lleva “El obrero” en el barrio La Boca, en la calle Agustín Caffarena 64. Allí te recibe Silvia, con una sonrisa y la herencia de su papa Marcelino, uno de sus fundadores. Desde hace más de 70 años ofrecen delicias a un precio accesible, ya que gran parte de sus porciones son para compartir. Así avisa el mozo ante cualquier desprevenido que pida una tortilla de papas babee, tira de asado banderita, o una milanesa napolitana. La tiza en los pizarrones dibuja el firmamento de otras de sus estrellas, que supieron paladear Bono de U2 y Robert de Niro: el bife de chorizo y las rabas a la romana o provenzal, imposibles de encontrar en la mejor marisquería de Mar del Plata.

Lo secunda en el podio la “Rotisería Miramar”, en la Av. San Juan 1999. Abrió sus puertas en 1950 y conserva no solo su estética original, sino también platos de sus comienzos, que hoy resultan exóticos para las nuevas generaciones. En esta reliquia no existen códigos QR para hacer el pedido, en la carta se puede leer: conejo a la cazadora, ancas de rana, caracoles y rabo de toro.
Entre salamines dispuestos cual guirnaldas y jamones colgados de la ganchera, lo más pedido son las sardinas de Vigo asadas y los ravioles Perla Negra, característicos por el toque que le dan las tintas de calamar.

El tercer puesto es para «Pippo» en Paraná 356, donde con sus clásicos manteles de papel, los ojos de los clientes se zambullen en un plato de vermichelis con tuco y pesto. Si bien el público hace largas filas para pedir sus clásicas pastas a precio módico, es recomendable cada tanto cambiar la brújula hacia sus carnes de exportación. La tira de asado completa o el bife de chorizo Pippo son manjares para deleitarse.

En cuarto lugar, hace su aparición “El puentecito”, el más antiguo, nacido en 1888 en Vieytes 1895. Su fachada mantiene su origen, un lugar donde acudían trabajadores de Barracas. Al cruzar sus muros, da comienzo el romance con la paella y toda su oferta parrillera.

El top five concluye con «Albamonte» en Av. Corrientes 6735, donde se despliega la combinación de la comida ítalo-argentina. Los imperdibles son sus famosos calamaretis fritos y ñoquis con estofado rebozante.

Pisar las baldosas descoloridas de un bodegón de Buenos Aires es un viaje de ida. ¡Cerrame la ocho!

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