Ayer, en un kiosko de la zona de Carapachay, la empleada, Luciana de 18 años, se percató de que la estantería que tenía detrás estaba a punto de desmoronarse. Justo a tiempo, la señorita se movió de ese sitio y cayeron decenas de botellas de licores, vinos y champán que allí se encontraban.
Fue un momento de crisis, pero ella no sufrió ningún daño, solo debió limpiar y organizar todo mientras respiraba la deliciosa fragancia que resulto de ese desastre.