La vida en el cruce: Dos historias de Inmigración, dos tiempos, un mismo horizonte

Entre mates y samba también se encuentra el desarraigo, hoy te traemos la historia de Reijane Santana y Elida Marta Gómez Núñez y sus experiencias al dejar su tierra natal.

Reijane Santana es la protagonista de una historia marcada por la migración, el desarraigo y la búsqueda de su verdadera vocación. Su vida se convirtió en una constante odisea en busca de oportunidades y, sobre todo, educación.

Su primer desembarco en Buenos Aires fue en septiembre de 1998, dejando atrás su barrio natal, Vila Ruy Barbosa, en Salvador de Bahía, con apena 18 años. El cambio fue brusco, no solo por el idioma y los paisajes, sino por la clara diferencia climática, una disparidad de 15 grados la recibieron en un lugar desconocido.

el comienzo fue difícil, pero ella tenía una motivación para luchar, una frase de su madre ¨Sea negra, pobre, pero con educación¨, un mes después de su llegada comenzó a trabajar de moza en ¨Maluco Belleza¨, una casa nocturna, inspirada en la cultura brasileña. Ese tiempo le sirvió como escuela para aprender el idioma español.

La vida de Reaijane dio un vuelco en el año 2002, en pareja con un joven argentino, Guillermo, decidieron volver a su tierra natal, Brasil. La situación social y económica que atravesaba la argentina, sumida en la crisis del 2001, dicha situación contrastaba con un Brasil con estabilidad económica, bajo la presidencia de Lula Da Silva.

Ese año fue trascendental, coincidió con la conquista del quinto mundial de la selección brasileña en Corea- Japón, el nacimiento de su primera hija, y la adquisición de su cas apropia. Pero su historia todavía tenia un capitulo por escribir y saldar: el estudio.

De la nutrición al periodismo.

Sus ganas de superación gracias al periodismo.

El regreso definitivo a la argentina ocurrió en 2009. Con el foco puesto en su formación Reijane completó el secundario que había dejado a los 15 años y se anotó en la UBA para estudiar la carrera de Nutrición.

Esta primera elección universitaria no prosperó, dejo la carrera porque ¨peleaba con los números, con matemáticas¨, comentó ella.

Fue asi que 10 años después, en 2019 ingresa a la UNDAV, con el afán de seguir aprendiendo, y fue en esta casa de estudios donde descubre su amor por el periodismo, por informar. La carrera la pereció interesante y distinta, ya que se ajustaba a mejor a su personalidad: ¨Me encanta ya que soy una persona muy sociable¨, explicó sobre su elección. Además, le atrae la que la profesión abarque una diversidad de temas y le permite ¨aprendes más y más de la diversidad que existe en todas las ramas, como la política, la salud, y la economía¨.

Más de 25 años después de su primer aterrizaje en tierras gauchas, Reijane sigue con las mismas ganas de descubrir cosas nuevas, dispuesta a darle a su historia su propia voz.

Ubicación de la casa de Reijane

La segunda historia es la de Elidá Marta Gómez Núñez, uruguaya de 75 años. Elidá irradia una seriedad forjada por el tiempo y la distancia. Hace más de cuatro décadas que esta uruguaya cruzo el charco y se instaló en Argentina, un país que la recibió con incertidumbre y que hoy llama hogar.

Su historia es un testimonio de la valentía silenciosa de miles de inmigrantes que, como ella, superado el desarraigo para construir una nueva vida.

La llegada y las primeras sensaciones

Elida recuerda vívidamente el día de su llegada en la década de 1980. Con poco más de treinta años y una valija cargada desesperanzas y miedos, desembarco en Buenos Aires, «Era un gigante. Montevideo se me hacia tan pequeña al lado de esta ciudad» rememora con una sonrisa melancólica.

Las primeras semanas estuvieron marcadas por la soledad y los recuerdos. Aunque el acento rioplatense era familiar, todo lo demás se sentía lejano «La gente, el ritmo frenético, el olor de las calles. Recuerdo la sensación de ser una extraña, a pesar de la cercanía».

Hoy cuarenta años después, Elida se siente una mujer rioplatense. Ve su pasado con cariño y su presente con orgullo: «Soy como un árbol que llego buscando tierra y ahora, gracias a dios y a esta tierra, puedo dar frutos».

Su historia es un ejemplo de resiliencia, un recordatorio de que la identidad no es un lugar fijo, sino el recuerdo de el camino andado, sin importa en que orilla del charco estés.

Ubicación de la casa de Elida.

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