Daniel Fernández tiene una relación muy especial con «Victoriano Arenas». Vive a apenas dos cuadras del club y desde muy chico estuvo ligado a la institución, primero como jugador y, con el tiempo, también desde la dirigencia.
En esta entrevista vamos a conocer parte de la historia de Victoriano Arenas, su particular ubicación, algunas de las anécdotas que forman parte de la vida cotidiana del club y el balance que Daniel hace de su gestión entre 2018 y 2023. También hablamos sobre los motivos que lo llevaron a dejar la dirigencia y cómo los cambios en su vida familiar influyeron en esa decisión.
— Daniel, para empezar, ¿qué balance hacés de tu gestión al frente del club entre 2018 y 2023?
— El balance de mi gestión, que se desarrolló entre 2018 y 2023, fue positivo. Y creo que tiene todavía más valor si tenemos en cuenta que nos tocó atravesar la pandemia, una situación que fue muy difícil para todos.
A pesar de las dificultades que todos conocemos, los socios nunca dejaron de pagar la cuota. Ese compromiso fue fundamental para que el club pudiera sostenerse durante esos años. Para mí, eso demuestra el sentido de pertenencia que tienen los socios con Victoriano Arenas.
— El club tiene una ubicación muy particular. ¿Qué podés contarnos sobre eso?
— Es una de las particularidades más llamativas del club. La cancha pertenece a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, pero la sede pertenece a la localidad de Avellaneda.
Si uno pudiera observar el lugar desde arriba, prácticamente vería que la cancha es una isla. Técnicamente, esa formación geográfica se denomina un meandro. Es una característica que hace que Victoriano Arenas tenga una ubicación realmente muy particular.
— ¿Cómo llegaste a ser dirigente del club?
— Y hablando de la cancha, seguramente hay muchas historias y anécdotas. ¿Hay alguna que se repita especialmente?
— Sí, hay una anécdota que se repite cada vez que la pelota se va al Riachuelo. El canchero tiene que intentar pescarla con un balde y una soga.
La escena es muy graciosa y, para quienes la ven, seguramente resulta bastante insólita. Pero es algo muy necesario, porque las pelotas tienen un costo importante y no podemos darnos el lujo de perderlas cada vez que alguna termina en el agua.
— Después de varios años de estar ligado a la dirigencia, ¿por qué decidiste dejar de ser dirigente?
— Dejé de ser dirigente porque llegó un momento en que los tiempos y la familia empezaron a no ser compatibles. Mis hijos empezaron a crecer y los tiempos de la familia también fueron cambiando.
Ya no podía ausentarme de mi casa a cualquier hora y cualquier día, porque empezaron a aparecer otras obligaciones y otras responsabilidades familiares. Fue una decisión que tuvo que ver principalmente con esa nueva etapa de mi vida.
— Más allá de la dirigencia, tu vínculo con Victoriano Arenas viene desde mucho antes. ¿Qué significa el club para vos?
— El vínculo viene desde que era chico. Vivo a dos cuadras del club y jugué desde muy pequeño. Por eso Victoriano Arenas no es solamente una institución en la que tuve una función dirigencial. Es parte de mi vida y de mi historia.
Por eso, aunque haya dejado la dirigencia, el sentimiento y el vínculo con el club siguen estando presentes.