De la era de oro al encendido mínimo: el histórico éxodo de la televisión abierta hacia el streaming

Durante décadas, la televisión abierta fue el corazón indiscutido del entretenimiento del hogar y el principal punto de reunión cultural. En su época dorada —que tuvo su apogeo entre las décadas de 1980 y principios de los 2000—, los programas masivos paralizaban países enteros: telenovelas de culto, programas de entretenimiento en vivo y grandes ficciones promediaban de manera habitual picos superiores a los 30 o 40 puntos de rating. La pantalla chica marcaba la agenda social y definía el consumo del público día a día.

Sin embargo, el panorama actual refleja una transformación drástica en los hábitos de consumo audiovisual. La llegada y consolidación de las plataformas de streaming (como Netflix, Disney+, Prime Video y YouTube), sumadas a las transmisiones vía podcasts o streaming en vivo, fragmentaron la audiencia a escalas históricas. El espectador abandonó la rigidez de las grillas de programación con horarios fijos para adoptar la inmediatez de la programación a la carta (on-demand).

Esta migración masiva se tradujo en un desplome continuo en las mediciones de audiencia. Hoy en día, los canales líderes consideran un éxito alcanzar los 8 o 10 puntos en el prime time, cifras que hace quince años habrían significado la cancelación inmediata de cualquier ciclo. Ante este escenario, la industria televisiva intenta reinventarse mediante alianzas con plataformas digitales, coberturas en tiempo real y formatos interactivos, en una lucha constante por mantener la relevancia en la era de la pantalla a demanda.

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