Sin querer queriendo

Maradona gambeteó y marcó el inicio de las carreras ligadas al fútbol del pibe mexicano.

Un niño de siete años de edad, originario de la Ciudad de México, pero que creció en la arena blanca de las paradisiacas playas de Cancún conoció al gran Diego Armando Maradona, quien “ sin querer queriendo” inspiró a este chico para encontrar en la Argentina su lugar de preparación profesional.

El 19 de septiembre del 2008 los medios anunciaban la llegada “del Diego” a Cancún, para jugar un partido de “Showball”, donde se enfrentarían las leyendas del futbol mexicano y argentino.

Para Diego Armando era un partido más, pero entre fotos y conferencias de prensa, conocería a un niño mexicano, que luego de ese encuentro, sellaría su vocación en torno al futbol, y marcaría desde entonces el futuro del joven.

Una tarde de otoño, el chico se encontraba, jugando al fútbol con sus amigos del barrio, cuando de pronto, su madre recibe una llamada telefónica, era su esposo que le pedía que le pusiera la mejor camisa que tuviera el chico, porque esa tarde,su hijo, conocería al Diego, pero que no le comentara a dónde iría.

El niño sin saber que estaba pasando, entró a casa y se cambió la playera de futbol, por su camisa blanca a cuadros, sube al automóvil mientras lo llevan a la zona hotelera, donde lo estaba esperando el rumbo de su futuro.

Veinte minutos después del cambio de vestuario, aquel niño, entró al salón del Hotel donde “El Pelusa” y su propio padre, lo esperaban, para lo que sería su primer encuentro.

Al terminar una conferencia de prensa, el padre y su hijo tienen la oportunidad de conocer a “Marad’o” cara a cara , un momento especial y significativo para el padre, quien desde el Mundial de México 1986 había admirado al argentino a través de un viejo televisor en blanco y negro.

Años después, la vida le permite cumplir aquel sueño y, antes de despedirse, le pide a Maradona que firme su camisa a cuadros, convirtiendo aquel autógrafo en el recuerdo de un encuentro tan ansiado.

Al día siguiente, sábado por la noche, después del juego, que terminaría 8-5 en favor de Argentina, con un gol de Maradona, que volvió a hacer vibrar a los aficionados mexicanos, el arquero argentino, Héctor Miguel Zelada, hace pasar al chico para que los policías lo carguen y pase por la cancha.

El chico se sacó la playera de Boca Juniors que llevaba puesta, ya con playera en mano y el torso descubierto espera fuera del vestuario de los albicelestes.

Atento a lo que estaba por venir, un utilero le pide su playera de Boca y espera afuera del vestuario semidesnudo.

De pronto Héctor Miguel Zelada, la leyenda del Club America de México , sale del vestuario con la playera en la mano ¡firmada por Diego!

Acto seguido pasa al chico al vestidor y comparte por unos minutos el casillero con el ex capitán del Napoli de Italia.

“El pelusa” lo recibe afectuosamente con un beso en la frente, lo abraza y lo invita a conocer a “los muchachos”, como él los llama, a Claudio Caniggia, Sergio Goycochea, Matías Almeida, y Alberto Acosta.

Ese niño delgado y sonriente sale asombrado de lo que acaba de vivir. Ahora tiene, no una, sino dos playeras firmadas, y una charla con la estrella del futbol mundial.

Aquel beso de Diego Armando en la frente, fue para el chico, una “bendición” que marcó el rumbo de su vida para siempre; y que hasta la fecha atesora como uno de los recuerdos más lindos en su carrera.

Para ese chico fue un momento único, recordó cuando su padre le ponía los CD’s con las mejores jugadas de Diego con los colores del Barça, la historia que había escrito en Boca Juniors, y su performance en el mundial México 1986 cuando levantó la Copa del Mundo, en el mítico Estadio Azteca.

Ese niño puede asegurar que entre Argentina y México, existen un sinnúmero de hermosas historias, gracias al fútbol. También puede compartir acerca del impacto que tiene el deporte, que va más allá del tiempo, las naciones y las pasiones.

Emprendió una aventura que casi ningún mexicano hace, viajar a la Argentina para formar su carrera en el fútbol.

Dejó en Cancún los recuerdos más importantes de su infancia y se mudó a Buenos Aires, donde comenzó sus estudios de Periodismo Deportivo en el Instituto Universitario River Plate.

Aquel niño cancunense que creció y jugó al fútbol en la Riviera Maya ahora persigue su sueño en Argentina, mientras está por concluir sus estudios como Director Técnico en la escuela de entrenadores Maradona-Menotti, una curiosa coincidencia que une su pasado con su presente.

Aquella tarde del otoño del 2008, “sin querer queriendo”, la mano divina, trazó el rumbo de Sebastián Rodríguez, quien al conocer al ídolo futbolístico de su padre, recibió además de un beso en la frente, el cariño y el afecto de la mejor versión de Diego Armando Maradona.

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