«No quería estar vivo. No comía, no bebía. Me fui a un centro de recuperación. Estaba luchando por mi vida más de lo que la gente podía imaginar», declaró el mejor nadador del mundo en una entrevista.

En 2014 el exitoso Tiburón de Baltimore se hundía silenciosamente en las aguas turbias de la depresión. Michael Phelps, el campeón olímpico indiscutible, reconocido mundialmente por sus hazañas en la natación, había tocado fondo.
A los siete años inició su aventura en el deporte que lo apasionó. Pronto vinieron los días de gloria. Participó de los Juegos Olímpicos de Sidney 2000, Atenas 2004, Pekín 2008, Londres 2012 y Río de Janeiro 2016. Se retiró de la natación con 28 medallas olímpicas, 23 de oro. El pez humano rompió record y ganó tantas medallas como ningún atleta lo hizo antes.
Sin embargo no todo era fama y gloria. En 2004 y 2008 tuvo sus primeros episodios depresivos. En esos momentos encontró consuelo en el alcohol y una foto suya fumando cannabis recorrió el mundo.
Finalizada su participación en Londres 2012 declaró: «Estoy harto, quiero dejar de nadar». En 2014 fue detenido por conducir alcoholizado y aunque tuvo varios inconvenientes legales logró participar de los JJ.OO de Río de Janeiro 2016 y volvió a brillar. Y otra vez, después de su retiro y pasada la euforia, el vacío.
«La pandemia fue uno de los momentos más aterradores por los que pasé», declaró Phelps a ESPN cuando decidió hacer publico su problema, y agregó: «Nunca desaparece. Tenés días buenos y malos. Pero no se termina. Alguien que no entiende con qué lidian las personas con ansiedad o depresión o trastorno post traumático no tiene idea de lo que es. La realidad es que nunca me curaré».
A raiz de sus problemas de salud mental, Michel Phelps, produjo y narró el documental «The weight of gold», que posee su testimonio y el de otros atletas olímpicos.