Umma tiene 9 años, llegó de la escuela preocupada, muy angustiada porque a su amiga Lara, nacida en Bolivia, le hacen dibujos y cánticos ofensivos en el aula. Ella sabe que en casa nos gusta hablar sobre diversidad y que deseamos un mundo donde entremos todos con las mismas oportunidades y derechos. Por supuesto, que rápidamente aparecen cuestionamientos y pensamientos sobre ¿Qué hacemos los adultos para formar infancias empáticas y receptivas a la diversidad cultural? ¿Por qué los migrantes siguen siendo blanco de mensajes de odio y discriminación? ¿Quién defiende los derechos humanos de los migrantes en nuestro país? ¿A qué le teme hoy un migrante como Lara, viviendo en nuestro país?
Las corrientes migratorias siguen soportando todo tipo de vulneraciones de derechos humanos. Con el paso del tiempo hemos naturalizado discursos que nos muestran a los migrantes como una amenaza para la seguridad, la economía o la cultura de nuestro país. Estos mensajes cargados de odio y desinformación, muchas veces, alimentan nuestros prejuicios fomentando la discriminación y la violencia hacia ese «otro, extraño, peligroso, extranjero», que no forma parte del «nosotros» y que por ende, juzgamos y estigmatizamos permanentemente.
Estos discursos teñidos de prejuicios que consumimos en medios de comunicación tradicional, en las redes sociales, en grupos de whatsapp, discursos que repetimos a veces sin razonar, se nos terminan haciendo carne y parte de nuestro acervo de conocimiento. Pues entonces, es importante pensar en cómo nos volvemos reproductores de odio y de mensajes que alimentan la discriminación hacia las personas migrantes.
Cuando hablamos de Migrantes, ¿de cuántas personas hablamos?¿cuántos Migrantes Extranjeros, es decir, nacidos en otros países, hay en Argentina hoy? Gracias a nuestro último Censo Nacional de Población (2022), sabemos que las personas que han cruzado fronteras para establecerse en Argentina son el 4,2% de la población, es decir una cifra algo inferior a 2 millones de personas: 1.933.463 habitantes migrantes.
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De este registro, más de la mitad de los migrantes son Mujeres en el marco de una creciente “feminización de las migraciones”. Son 1.061.421 las mujeres y 872,042 los hombres que han migrado y están establecidas en nuestro país, de acuerdo al último Censo Nacional.
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Para poder interpretar con mayor profundidad la situación actual que viven las personas nacidas en otros países y que hoy residen en Argentina, charlamos con Marta Guerreño López, Presidenta de la Unión de Colectividades de Inmigrantes de Córdoba (UCIC) y a cargo del área Atención Integral a las Mujeres Migrantes de la Secretaría de la Mujer.
– ¿Cómo definís a un migrante?
–Las personas que migran son personas con una fortaleza mayor, porque si no tienes muchas ganas de prosperar te quedas en tu país, en tu casa, en tu zona y ahí sobrevivís. Las personas que quieren algo mejor son las que buscan otros espacios para crecer, para trabajar, para aumentar su proyección de vida. Entonces, las personas migrantes de por sí son personas resilientes, fuertes, que han hecho un montón de otras tareas. Hay muchos migrantes que están formados en algún oficio y cuando llegan acá, siempre con el «famoso derecho a piso», trabajan en cosas que no es para lo que están capacitados. Este tema de «mi hijo, el doctor» de la población, que ustedes hablan tanto, de italianos, de europeos que vinieron con el siglo anterior, se repite también en los latinoamericanos. Quieren exactamente lo mismo: que su hijo sea profesional y se trabaja para eso. Y hay padres que trabajan de lunes a lunes para que su hijo sea profesional. Entonces, el deseo siempre es progresar.
En estos últimos tiempos observamos que salen a la luz, sobre todo en las redes sociales y desde el anonimato, comentarios de odio y rechazo hacia la población migrante por acceder a la educación y a la salud pública de nuestro país. -¿Qué hay detrás de estos discursos de odio? ¿Es un gran desconocimiento?
– Primero hay que señalar que la mayoría de las personas que llegan a Argentina ya vinieron capacitadas y formadas, el Estado Argentino no ha invertido ni un centavo en esto. Y en segundo lugar, claro que hay un desconocimiento y yo no sé si es tan inocente. Los migrantes somos siempre el flanco más débil porque no votamos. Nosotros podemos votar en las elecciones locales pero no en las nacionales. A mí me encantaría votar «en contra de», en las elecciones nacionales, pero por más que lleve 40 años acá, no puedo votar. Entonces, somos el flanco fácil; «podes decir lo que digas total no podemos cobrarnos en la urnas».
-Yo escucho y leo todo el tiempo esta idea de invasión de migrantes en nuestras aulas de las facultades, en nuestras salas de espera de hospitales y fue lo que un poco me llevó a investigar la cantidad de población migrante. ¿Se sobredimensiona el lugar de nacimiento de una persona?
–Sí, absolutamente, frases como » la población migrante copan las universidades, vienen a hacer tours de temas sanitarios». ¿De dónde? O sea, que me muestren dónde hay un colectivo con toda la gente frente a un hospital esperando, ¿Quién va a venir 1500 kilómetros para ser tratado de una enfermedad leve? Y digo enfermedad leve, porque hoy en Córdoba las personas migrantes que necesitan un tratamiento crónico, prolongado o de gran especificación, necesitan la radicación. Y se supone que al estar radicado, es un ciudadano más. Hay que hablar de esto, de que no tenemos diferencias locales con los migrantes, que pagamos los mismos impuestos, que tenemos siempre ganas de trabajar en voluntariado y de participar de otro tipo de actividades gratuitas para nuestros grupos de vecinos, para los clubes, para las cooperadoras de las escuelas. Uno siente como una gratitud extra por habitar esta tierra. Pero lo cierto es que aportamos, vivimos, residimos igual que el resto de la población, no podemos concentrarnos únicamente en el lugar en que hemos nacido.
Ser Mujer Migrante y Trabajadora en Argentina
Las mujeres y niñas que han migrado y hoy viven en nuestro país no escapan a la realidad y a las barreras que experimentan otras mujeres migrantes en toda América. Según ONU Mujeres en el último Informe de Mujeres Migrantes, entre los desafíos más específicos que enfrentan las mujeres y niñas migrantes se encuentran situaciones de violencia de género, cuestiones vinculadas con el cuidado de familiares, incluyendo niños y niñas y personas mayores, mayor exposición a la discriminación laboral, la falta de oportunidades de empleo decente y los peligros de la trata de personas.
A la hora de analizar las inequidades entre géneros, un aspecto central a considerar refiere a la desigual distribución de responsabilidades en el ámbito doméstico y en las redes de cuidados que condiciona la inserción de las mujeres en el mercado de trabajo. Si nos enfocamos específicamente en la cuestión laboral, hay ciertos interrogantes que nos seguimos planteando con el paso del tiempo en nuestra sociedad y que pensando en mujeres migrantes se acentúan aún más. Como por ejemplo: ¿Por qué los salarios de las mujeres en un mismo puesto laboral son inferiores a los de los varones? ¿Por qué las mujeres realizan tareas de trabajo no remunerado y/o doméstico en una porción abrumadoramente mayor que los varones? ¿Por qué las mujeres migrantes trabajan en empleos para los que están sobre calificadas?
Poder participar en el mundo laboral remunerado es uno de los principales desafíos para las mujeres migrantes. Así mismo, dado que el trabajo remunerado formal es un derecho que habilita el acceso a otros muchos derechos (obra social, jubilación, algunas asignaciones familiares, etc.) éste condiciona directamente la situación en que se encuentran las mujeres migrantes.
Principales Empleos de las Mujeres Migrantes
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En cuanto a las ramas de actividad en las que se concentran las mujeres migrantes en Argentina, el 26,5% trabaja en casas particulares, constituyendo éste el principal ámbito de inserción entre las mujeres migrantes ocupadas. Este dato refleja que las actividades de servicio han sido tradicionalmente asociadas como femeninas, comportándose como una réplica de lo que ocurre en el ámbito privado y/o familiar donde las tareas domésticas y de cuidado han recaído en las mujeres. Por otro lado, la segunda rama de inserción de mujeres migrantes es la de comercio, hoteles y restaurantes (25,2%). Podemos ver también que en lo que respecta a salud y educación, encontramos sólo un (13,6%) de participación de mujeres migrantes y en la industria manufacturera y construcción sólo un (11,7%). Este último dato nos muestra claramente que los sectores en los que participan las mujeres migrantes son muy distintos a aquellos en los que se insertan los varones, quienes se incorporan principalmente en la industria manufacturera y la construcción. Es llamativo también el porcentaje tan bajo de mujeres migrantes que pueden llegar a trabajar en la Administración Pública y Defensa (1,3%) Esto podría ser una consecuencia del Decreto 214/2006, en el que se estipula como condición para ser empleado estatal el “ser argentino nativo, por opción o naturalizado”
Otro factor relevante que incide en las condiciones de vida de las mujeres migrantes es la brecha salarial con sus pares varones. Las mujeres migrantes perciben un 25% menos de salario que los migrantes varones. Y por otra parte, de acuerdo al Informe de Mujeres Migrantes: “El 40% de las mujeres migrantes tiene dificultades para acceder a un trabajo acorde a su nivel de calificación y formación”
¿Qué sucede en la provincia de Córdoba?
En la provincia de Córdoba viven hoy, de acuerdo a nuestro último Censo Nacional, 65.703 habitantes migrantes extranjeros, de acuerdo a su lugar de nacimiento y en viviendas particulares.
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De esta franja de migrantes cordobeses, en sintonía con los datos nacionales, las mujeres son más del 50% de la población migrante. Hoy residen en nuestra provincia de Córdoba 34.332 mujeres migrantes; por su parte, los hombres alcanzan a 31.371 habitantes.
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Teniendo en cuenta el sexo y la edad de las personas que llegan a nuestro país, podemos ver que en la provincia de Córdoba las mujeres migrantes pertenecen en su mayoría al rango etario de 35 a 39 años (con 3.441 habitantes). En el caso de los hombres migrantes que llegan a Córdoba, el principal rango etario se da de 30 a 34 años (con 3.490 habitantes).

La inmigración en ciertas edades puede estar influenciada por diversos factores. Analizando la mayor presencia de mujeres migrantes en el rango de edad de 35 a 39 años y de hombres migrantes en el rango de 30 a 34 años en Córdoba, las razones principales son las oportunidades laborales, reunificación familiar, estudios y búsqueda de mejores condiciones de vida, entre otros motivos.
Las personas en esas edades suelen estar en un punto de sus vidas donde pueden estar buscando nuevas oportunidades, tanto a nivel personal como laboral. También otros factores como la estabilidad emocional y financiera jueguen un papel importante en la decisión de migrar en esas edades.
Pensando en la desigualdad en la que se encuentran las mujeres migrantes trabajadoras en nuestro país, queda claro que con el sólo hecho de ser mujer ya se observan grandes diferencias en las oportunidades laborales respecto a los hombres; más aún siendo mujer migrante. Es decir, las mujeres migrantes están en una situación de doble desventaja tanto en relación con sus pares varones, como con las mujeres nativas.
Para conocer con más detalle experiencias en primera persona sobre lo que ocurre en el colectivo femenino de migrantes en nuestra provincia de Córdoba, decidimos realizar un relevamiento periodístico donde encuestamos a 17 mujeres migrantes provenientes de diferentes países, quienes en su gran mayoría hace más de 10 años que se encuentran radicadas en nuestra provincia. Nos propusimos conocer principalmente su presente laboral y su percepción sobre la discriminación.
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En nuestro relevamiento pudimos dialogar con mujeres que, en su mayoría, nacieron en Brasil y que hoy están trabajando y estudiando. Otras, nacidas en Perú nos contaban sobre su experiencia laboral en casas particulares donde han podido lograr tener un empleo registrado en estos últimos años. Teniendo en cuenta los datos del Censo Nacional 2022, los principales países de nacimiento de los migrantes que residen en Argentina son: Paraguay (27%), Bolivia (17,5%) y Venezuela (8,4%), Perú (8,1%), Chile (7,7%), que ahora ocupa el quinto lugar y Brasil, Colombia y España que superan levemente el 2% del total de migrantes censados en 2022.
En nuestra charla con la Presidenta de la UCIC, Marta Guerreño López, ahondamos en los motivos principales de migración de las mujeres que residen en Córdoba:
–La primera causa sigue siendo búsqueda laboral. Vienen a trabajar principalmente y generalmente en trabajos que los locales no quieren hacer. Esto es: casas particulares, trabajos gastronómicos, construcción, todos esos empleos que no son los más buscados cuando vos vivís en tu país. También hay un importante grupo de personas que se han trasladado por reunificación familiar, porque el marido ya vivía acá o alguno de los hijos más grandes ya están acá y con la situación económica de la Argentina también se vio esto de que ya no se podían mantener dos hogares, uno en su país de origen y otro acá, entonces se trasladaron para formar una sola familia de nuevo. Nosotros celebramos enormemente eso porque nada mejor que los hijos vivan con los padres desde chicos. Del total de inmigrantes que hay en la provincia de Córdoba, 51,6% son mujeres. “Es frecuente que lleguen solas”
Si examinamos los resultados obtenidos en nuestro relevamiento periodístico a cerca de los motivos de migración, hay una preponderancia en las respuestas a «la búsqueda de un mejor trabajo» y en segundo lugar al «acceso al estudio».
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-¿Hay muchos profesionales migrantes en Córdoba?
–No, no hay tantos profesionales que migran, porque es difícil conseguir trabajo, porque es muy difícil convalidar el título y también porque en los países latinoamericanos el pago a un profesional es mucho mayor que en Argentina. Entonces, tiene que tener una necesidad muy particular como una reunificación familiar para que alguien venga. Yo pongo siempre el ejemplo de la población paraguaya, que en Córdoba seremos unos 15.000 y no hay más de 30 profesionales, y la mayoría somos profesionales que hemos estudiado acá y nos quedamos por alguna razón.
Ante la consulta sobre la situación actual de empleo, el 70,6% de mujeres migrantes encuestadas en nuestra investigación periodística en Córdoba se encuentra en actividad laboral. Y esto coincide con los crecientes índices de trabajo registrado que se está dando en nuestra provincia y en el país.
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Podemos decir entonces que, están en crecimiento los índices de empleo y de trabajo registrado hacia las mujeres migrantes en nuestra Córdoba, pero aun así, la gran mayoría siguen sorteando obstáculos a la hora de acceder a un trabajo. Tomando nuestro relevamiento como disparador, vemos que hay una igualdad de percepción en cuanto esto. Es decir, el mismo porcentaje de mujeres encuestadas (47,1%) afirma o niega haber tenido dificultad para acceder a un empleo. Y en este sentido, ante la pregunta sobre el acceso a un puesto laboral, nuestras migrantes consultadas afirman en un (35,3%) que a veces han tenido las mismas posibilidades que mujeres nativas.
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Claramente en nuestro relevamiento aparecen como predominante entre varias dificultades a la hora de acceder a un trabajo en primer lugar «demoras con el reconocimiento de títulos y estudios» y en segundo lugar, el «hecho de ser extranjera».
Hablemos de discriminación hacia los migrantes
Pareciera que cuesta cada vez más nombrar la discriminación, porque casi siempre es negada, hasta incluso, por las mismas personas que la sufren. No estamos hablando de un fenómeno nuevo, esto ocurrió siempre, desde la colonización, pero particularmente en estos tiempos las políticas migratorias ponen a las personas nacidas en otros países en permanente sospecha. El discurso de algunos altos funcionarios es el método de instalar el odio racial y ganarle a la ley. Los afectados por estos discursos confirman recibir cada vez más hostilidad, sienten la discriminación en las miradas del otro, sin embargo, son personas que tienen vocación de construir en el país, no están de paso.
De acuerdo a los últimos datos presentados por la Encuesta Nacional de Migrantes (ENMA), la incidencia de la discriminación es más significativa entre quienes señalaron tener ascendencia asiática (86%), africana (83%) u originaria amerindia (76%). En particular, se trata de los migrantes provenientes de Haití, China, Bolivia, Colombia y Senegal. Y analizando precisamente los lugares específicos donde se evidencian las discriminaciones, las encuestas nos muestran que la calle es el principal foco de discriminación (37%). Esto nos ratifica la importancia de dejar de naturalizar acciones que afectan las rutinas cotidianas de los migrantes.
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En la misma línea, son los integrantes de las comunidades senegalesas y bolivianas quienes describen mayores situaciones de violencia por parte de las fuerzas de seguridad. Esto está relacionado, en parte, a que los migrantes senegaleses se dedican en su mayoría a la venta ambulante.
Compartimos un fragmento de la historia de Mbaye Faye, un vendedor ambulante senegalés junto a Marta Guerreño López en el programa «Identidad» de Telefe Córdoba, conducido por Julia Gatti. (Emitido en el año 2022) https://www.youtube.com/watch?v=QiOTQaLBibE&t=324s
– ¿Por qué no se habla de la discriminación hacia los migrantes?
– Porque se naturalizan muchas cosas y se acepta ese derecho al piso. La gente dice, bueno cuando llegas a otro país tenés que bancarte estas cosas. Y eso no sólo lo dicen las personas mayores, sino los padres que le dicen a sus hijos, no te discriminan, son así, los cordobeses, te lo dicen en chiste, déjalo pasar, no lo hables, y los migrantes lo vamos naturalizando. Entonces te digo bolita, te digo paragua. Cuando te lo dicen en primera persona, no es para nada chistoso. Y creo que también el error es que los migrantes no decimos: «¡Eso me duele, no es bueno decir esto!». En el hospital, a mis compañeros, cuando me decían «Paragua», yo les decía «Argenti». Y me decían, ¿por qué me decís así? y yo respondía ¿y vos por qué me decís paragua? Llámame Marta. ¿Por qué me tengo que llamar paraguaya, latinoamericana y no por mi nombre? Entonces, no se tiene en cuenta el daño que produce y lo feo que es y sobre todo lo innecesario que es esa diferencia. No me parece justo que teniendo un nombre y un apellido me digan por mi lugar de nacimiento. Porque lo único que hace eso es diferenciar y crear rencillas, y la gente va cargando odio y por ahí explota por una tontera, porque fue cargando, cargando odio y de repente explota.
«El miedo más grande de un migrante es ser deportado». Ahora la población migrante, por más de que crea que su derecho es salir a las calles y reclamar algo, no lo hace, porque puede ser expulsado por esa causa. Y no es un tema menor. No te están diciendo que capaz te tengan 24 horas detenido, te están diciendo que te «pueden expulsar».
Hay personas que tenemos nuestras vidas hechas en este país. Yo pienso en lo que tengo acá, mi casa, mi auto, mi trabajo, ¿Y si me expulsan porque fui a reclamar algo? Es muy fuerte y preocupante cuánto habilita la falta de políticas públicas y de que los medios de prensa cuiden lo que dicen, porque todos sabemos que la población migrante siempre es noticia por un robo, porque alguna que otra vez alguien se saca en un baile; eligen una parte anecdótica, un folclore, pero generalmente es cuando alguien hace algo malo y no se tiene en cuenta que no llegamos al 4% de la población nacional.
En nuestro relevamiento periodístico el 76,5% de las mujeres migrantes encuestadas se han sentido discriminadas. Cuando ahondamos sobre las diferentes situaciones de discriminación en las mujeres cordobesas, nos dicen que para acceder a un empleo (30,8 %) se siente discriminada, para acceder a un alquiler de vivienda (15,4%) y aparece como dato destacado la opción «otras» de las allí propuestas.
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A cerca de las consultas sobre discriminación de mujeres migrantes que llegan a la Secretaría de la Mujer, Marta Guerreño López enfatiza en que las Mujeres siempre estamos en el último y las mujeres migrantes con más razón todavía. Mujeres, migrantes, pobres, muchas son jefas de hogar, muchísimas de esas mujeres migran por violencia de género, dejando al violento y lejos se tiene que hacer cargo de sus hijos, tiene que ser papá y mamá en un montón de cosas y por supuesto que el género es fundamental. Entonces tiene que hacer el triple de esfuerzo, aparte de llevar adelante a unos chicos de diferentes formaciones, que se tienen que adaptar al país de recepción, al país de acogida o al país donde sobreviven y no sólo tiene que sobrevivir la mujer sino también acompañar el crecimiento de sus hijos y la adaptación de sus hijos.
En cuanto al acceso la vivienda es un problema de todas las personas que migran debido a la falta de un garante, que es una condición necesaria para alquilar, entonces, la población migrante termina alquilando «lo que puede y no lo que realmente quiere».
–Los migrantes alquilan a precios más caros, una pieza o una casa súper alejada, sin ninguna condición óptima para vivienda, entonces se acepta como cualquier vivienda con tal de que te omitan presentar la garantía. Cuando una persona viene de otro país, no tiene a quién recurrir para esas cosas. Entonces es muy difícil conseguir, hay hogares en los que conviven muchísimas personas y no es porque les encanta el hacinamiento a la inmigración sino que no hay forma de alquilar y yo creo que tiene que haber una ley respecto a eso. Hay personas incluso que tienen recursos económicos, que le transfieren el dinero de su país o que trabajan tres o cuatro miembros de la familia y pueden pagar un alquiler pero no consiguen garantías. Y yo, como estudiante, siempre pagaba un garante para alquilar. No tenía. Nunca tuve a alguien que me prestara. Pagaba a una persona común. Entonces, se vive donde se puede.
– ¿Cambiaron hoy en este contexto los desafíos para un migrante?
– Yo no creo que haya cambiado mucho, por ahí el esfuerzo es mayor porque esto del anonimato de las redes sociales hace que sea mucho más agresiva la gente. Entonces aparece un problema de la población migrante y se les mete a todos en la misma bolsa y hay agresiones fuertes. Y creo que si algunas autoridades, algunos referentes del Estado, ya sea nacional o provincial, se largan a hablar de estos temas sin conocimiento y, sobre todo, sin bozal, con una libertad y una liviandad, habilita al ciudadano común a ser triplemente agresivo con esta parte de la población.
-¿Te preocupa esta ola de odio hacia los migrantes?
-Me preocupa porque no hemos avanzado en las relaciones interhumanas. Consiguieron separarnos por países. No hay región latinoamericana, ni nada menos. Me preocupa porque estamos retrocediendo y estamos peleándonos entre pobres. No es un suizo y un finlandés contra un paraguayo o un peruano. Creo que tenemos que vernos más. Yo no digo que sean hermanitos latinoamericanos todos, pero respeto a la condición de ser humano, al trabajador, porque creo que ese es el problema. Se lo ve como un paraguayo, un boliviano, un chileno, un venezolano, no se lo ve como un ciudadano nacido en tal lugar, sino que eso termina siendo lo más importante. Hay que ver más a las personas como el compañero de trabajo, como el vecino, como el padre del compañero de tu hijo, como persona humana que nació en cualquier lugar y que trabaja, convive, aporta en este territorio donde vive y lo hace crecer.
Tenemos el gran desafío de trabajar en la sensibilización, la educación y la implementación de políticas inclusivas que promuevan la igualdad de oportunidades para todas las personas, independientemente de su origen o estatus migratorio. Con todo, creemos que la lucha contra la discriminación de la población migrante es fundamental para construir una sociedad más justa, equitativa y diversa. Los migrantes no son enemigos, son pares, aliados, trabajadores que construyen el día a día junto al resto de la población y ese es el mayor deseo que nos expresa Guerreño:
–El deseo es ser considerados ciudadanos, que nos dejen de ver como una amenaza, como un otro, como un extranjero. Nosotros también construimos este país desde el subsuelo, porque la mayoría de los albañiles y gente que construye son extranjeros. Yo doy el mismo ejemplo y tal vez sea reiterativo. Esto es como tener papá y mamá, y que te empiezan a decir ¿a quién querés más? Y yo quiero a los dos. Y esto también. Yo quiero Paraguay, quiero Argentina, quiero Córdoba, no necesito pelearme con una para reconciliarme con otra, se puede amar y se puede construir sin ningún problema en ambos países. El corazón de un migrante se vuelve más grande porque tiene dos patrias, dos selecciones, dos amores.

Por el escultor francés Bruno Catalano (1960)
Fuentes consultadas:
- Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas 2022
- INDEC. Instituto Nacional de Estadísticas y Censo República Argentina.
- Informe “Mujeres en Movimiento: claves, desafíos y oportunidades para la integración socio-económica”, con el acompañamiento de ONU Mujeres.
- Encuesta Nacional Migrante de Argentina 2023
- Caracterización de la inmigración internacional en Argentina a partir de los registros administrativos del RENAPER (Dirección Nacional de Población)
- Entrevista a Marta Guerreño López en el Polo de la Mujer
- Relevamiento periodístico a 17 mujeres migrantes de la Provincia de Córdoba.
- Fragmento de entrevista a migrantes en el Programa Identidad de Telefe Córdoba. (2022)