Hace sesenta años, la historia iba a cambiar por completo cuando la fiscalía general de Fráncfort se atrevió a presentar cargos contra 23 miembros de la Schutzstaffel (organización paramilitar, policial, política, penitenciaria y de seguridad al servicio de Adolf Hitler y del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán en la Alemania nazi), sentando las bases para que comiencen los llamados “juicios de Auschwitz”, un punto clave en la confrontación de Alemania con el terrible Holocausto.

Gracias a las declaraciones de 360 testigos (211 eran sobrevivientes), se lograron visibilizar todos los horrores ocurridos dentro del campo de concentración, donde murieron más de un millón de personas. Además, como el proceso judicial estaba abierto al público en su mayor parte, los civiles polacos tuvieron la posibilidad de presenciar semejante hito histórico para la historia de la humanidad.
Tras una extensa acusación de 700 páginas y tres años de juicios, se condenó a seis acusados a cumplir cadena perpetua, mientras que hubo otros tres que fueron absueltos. De esta manera, Fritz Bauer, impulsor de los procesos contra el nazismo, marcó un antes y un después en la sociedades alemanas, polacas y austriacas, que no olvidarán lo ocurrido entre 1933 y 1945.