@seleneprol
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Aunque la ley diga que somos iguales, yo creo que las mujeres en muchos sentidos la tenemos más difícil”, sostuvo María Migliore. Desde su experiencia y perspectiva como politóloga, la referente analizó la actualidad y el futuro de la agenda feminista, subrayando que los retrocesos sociales, lejos de estar saldados, se manifiestan hoy en cifras alarmantes de violencia y una brecha económica que no cede.

María Migliore reflexiona sobre la situación actual del feminismo y sostiene que, pese a los avances legales, las mujeres continúan enfrentando desigualdades profundas. Destaca que la violencia de género sigue en niveles alarmantes y que la brecha económica persiste: las mujeres tienen menores tasas de empleo, salarios más bajos y una fuerte penalización por maternidad que afecta sus trayectorias profesionales.
A partir del caso reflejado en la película Belén, señala el valor del arte para visibilizar historias de injusticia y generar debates sociales. Repasa cómo, en la última década, temas como la violencia de género, los femicidios y los derechos reproductivos lograron instalarse en la agenda pública gracias a la movilización colectiva, especialmente a partir del impulso de Ni Una Menos.
Sin embargo, advierte que los retrocesos existen y que los cambios culturales son lentos: la violencia se sigue reproduciendo en los entornos más cercanos y la desigualdad económica se mantiene, especialmente en puestos de mayor responsabilidad. Remarca que el feminismo logró generar un nuevo sentido común —como la incomodidad ante espacios sin representación femenina—, pero subraya que estos avances pueden diluirse si no se sostienen en el tiempo.
Migliore también reconoce las tensiones internas del movimiento y plantea la importancia de evitar que se lo interprete como una confrontación entre mujeres y varones. Sostiene que la igualdad requiere transformaciones compartidas y que la participación activa de los hombres es clave para generar vínculos más sanos y formas de crianza más equitativas.
En el plano político, enfatiza que el feminismo no debe quedar atado a un partido o espacio específico, ya que sus mayores conquistas surgieron de alianzas amplias y transversales. Llama a mantener el debate abierto, plural y crítico.
Finalmente, plantea un mensaje de esperanza: si en el pasado se lograron avances en contextos difíciles, también hoy es posible seguir transformando la realidad. La prioridad —señala— es enfrentar los femicidios, reducir la brecha salarial, redistribuir las tareas de cuidado y consolidar una cultura de igualdad que se exprese tanto en la vida cotidiana como en las políticas públicas.