Según los últimos datos registrados por el Centro de Información Ambiental (CIAM) correspondiente al Ministerio de Ambiente de la Nación, los incendios forestales en Argentina muestran una tendencia preocupante donde se destacan mayor extensión temporal, aumento de superficie afectada y concentración de eventos en regiones críticas como el Litoral, el Noroeste y la Patagonia norte.
¿Qué nos dicen los datos?
Según el Servicio Nacional de Manejo del Fuego (SNMF), las regiones con mayor peligro de incendios en la actualidad son el Noreste Argentino (NEA) y la Patagonia, donde confluyen condiciones climáticas extremas y factores humanos. En el NEA, las altas temperaturas, la sequía y las quemas intencionales o negligentes explican gran parte de los focos registrados, mientras que en la Patagonia predominan los incendios de origen natural, favorecidos por tormentas eléctricas secas y vientos intensos. Entre octubre de 2024 y marzo de 2025, estas regiones concentran la mayor superficie afectada.
Durante el mes de enero del año 2024, el SNMF reportó alrededor de 81 incendios forestales, rurales o interfase, que afectaron aproximadamente 32.933 hectáreas, una señal directa del agravamiento del escenario climático. Donde las temperaturas estuvieron por encima del promedio estimado en casi todo el país. Los datos del Centro de Información Ambiental confirman esta tendencia creciente; año tras año, los focos de calor aumentan, actuando como un potente indicador del riesgo de incendios futuros. A través del Sistema Integrado de Información Ambiental (SInIA), se puede observar la detección de anomalías de calor por encima de los registros históricos en varias jurisdicciones.
Capacidad de respuesta: las brechas que persisten
Pese a los esfuerzos del SNMF y de las brigadas provinciales que acuden a los llamados en este tipo de catastrofes, las limitaciones estructurales y de infraestructura siguen siendo profundas. El sistema nacional cuenta con recursos humanos y técnicos especializados, pero el equipamiento, los vehículos y el personal capacitado son insuficientes frente a la magnitud y frecuencia de los incendios actuales.
Existen zonas muy extensas o de difícil acceso donde suelen presentarse retrasos en la llegada de respuesta y de los equipos necesarios. Además, de los problemas logísticos en el abastecimiento de agua o la construcción de líneas de contención, todo esto sumado una coordinación interjurisdiccional desigual, que retrasa la respuesta temprana y favorece la expansión del fuego.
“Cuando ocurren catástrofes de gran escala y los servicios locales no alcanzan para controlar el fuego, se solicita apoyo de cuarteles de otras provincias. En esos casos, debemos desplazarnos con urgencia hacia la zona afectada. El fuego no espera”, explica María Fernanda Gómez, brigadista voluntaria en la provincia de Buenos Aires. Gómez enfatiza en «el desgaste de los equipos, la falta de presupuesto y la falta de rotación de personal» y como esto esto se puede convertir en una bomba de tiempo ya que aumenta el riesgo operativo, dificultando las tareas.
Impactos ambientales y humanos
Entre octubre de 2024 y marzo de 2025, casi 32.000 hectáreas de bosques andino-patagónicos quedaron reducidas a cenizas en Argentina, según la Asociacion Greenpeace. Los incendios no solo consumen los pulmones naturales del planeta, sino que degradan los suelos y alteran cuencas hídricas, dejando huellas profundas en los ecosistemas.
El fuego también acelera el cambio climático, los registros indican que aproximadamente un 60 % del CO₂ liberado en la región durante los ultimos 4 años, se ha acumulado en la atmósfera, intensificando sus efectos. La biodiversidad paga el precio más alto: especies vegetales y animales pierden su hábitat, mientras las comunidades locales enfrentan un entorno cada vez más hostil y riesgoso.
A nivel social, el imapcto no puede cuantificarse, familias enteras han perido todo o parcialmente sus estilos de vida pierden ganado y son en muchas ocaciones las circustancias los obligan a desplazarse, de las zonas afectadas, por meses o en el peor de los casos a no retornar jamas.
“En mi pueblito vivíamos rodeados de árboles desde hace generaciones. En 2022 llegó ese gran incendio que parecía no tener un final… No sabíamos si fue intencional o accidental, solo vimos cómo las llamas avanzaban rápido hacia nuestra casa”, recuerda Lucía Arce, vecina de una zona rural de Corrientes, quien fue victima del ultimo gran incendio en la provincia por alla en el año 2022.
Arce recuerda «la evacuación fue caótica y no hubo alertas oficiales, mi familia tuvo que huir sin asistencia, tampoco habia equipamiento sufiente». continua «nadie se hizo cargo de los daños, de nosotros, a nadie parecio importarle que dejabamos toda una vida tras nosotros». Hoy ella vive en Buenos Aires, lejos de su hogar y de la vida que conocía, se traslado aqui con parte de su familia ya que aun no ha logrado tras tres años reconstruir lo que perdio.
La prevención es la deuda pendiente
Los datos oficiales muestran que Argentina necesita reforzar sus políticas de prevención y la gestión de riesgo. Entre los datos oficiales y los testimonios aportados se puede dislumbrar que se necesita ampliar la inversión en infraestructura, fortalecer los sistemas de alerta, mejorar la capacitación de los departamentos que responden a estos desastres y desarrollar planes de restauración post incendio que apoyen a las comunidades afectadas. Si bien no todos los fenomenos que han ocurrido y ocurriran derivan en emergencias, cada episodio exige coordinación entre niveles de gobierno y una respuesta rápida para evitar grandes daños.