En una ciudad que no para, las cafeterías de especialidad con espacio para leer se han convertido en pequeños escapes donde el tiempo se mueve distinto. No son solo lugares para tomar algo, los considero refugios con identidad propia, donde la calidad del grano importa tanto como la luz que entra por la ventana, la música que suena de fondo y el rincón justo donde apoyar el libro. Buenos Aires tiene una larga tradición de cafés como escenario de la cultura y el pensamiento, y hoy esa tradición convive con una nueva generación de espacios de especialidad que entienden que el café bien hecho y la lectura son, en el fondo, el mismo gesto: el de alguien que decide prestarle atención a algo.
Cuervo Café — Palermo Soho El Salvador 4580
Fundado en 2017 por dos amigos músicos, Pablo Tokatlian y Agustín Caro, Cuervo mezcla un ambiente relajado y artístico con una propuesta cafetera muy seria. Su ventana-barra hacia la vereda es uno de sus sellos más reconocibles: desde ahí se escapa el olor inconfundible de un buen café. Además de la barra, tiene una mini biblioteca para los que quieren quedarse un rato. La vereda de El Salvador, arbolada y tranquila, es ideal para leer al sol con un flat white en mano. En carta: espresso, piccolo latte, dirty chai, tostadas de palta, chipá y tortas veganas o sin gluten.
Libros del Pasaje — Palermo Viejo Thames 1762
Si hay en Palermo Viejo una librería bien surtida, acogedora y con mucha onda, es Libros del Pasaje. Ubicada en la calle Thames frente al pasaje Russel, este enorme espacio enamora a primera vista. La librería propone una importante selección de literatura argentina e internacional, ciencia ficción, diseño y arte, con una mesa en la entrada que presenta las últimas novedades en castellano y en inglés. El café está en el patio cubierto, simpático para tomar algo, trabajar o charlar con un amigo. En el entrepiso, unos sofás y una biblioteca dan la agradable sensación de estar en casa. También tiene un pequeño escenario para presentaciones de autores y eventos culturales.
El Ateneo Grand Splendid — Recoleta Av. Santa Fe 1860
Un caso único en el mundo. El Ateneo Grand Splendid es la librería más grande de Sudamérica, elegida por The Guardian como la segunda mejor librería del mundo y destacada por National Geographic como la más linda. Nació en 1919 como un fastuoso teatro, con frescos en el techo pintados por el artista italiano Nazareno Orlandi, balcones ornamentados y un telón de terciopelo rojo que aún se conserva. Los antiguos palcos fueron convertidos en espacios de lectura y el escenario principal alberga hoy una acogedora cafetería. Sentarse ahí con un café y un libro mientras se mira la cúpula pintada es una experiencia que pocas ciudades del mundo pueden ofrecer.
La Poesía — San Telmo Chile y Bolívar
El Café Bar La Poesía abrió en 1982 en la esquina de Chile y Bolívar, en un edificio del año 1900. Entrar a La Poesía es remontarse a los inicios del siglo XX. Fue fundado por el poeta, escritor y periodista Rubén Derlis, y siempre fue un espacio de notables escritores, músicos y artistas. Al ingresar se puede observar su decoración característica y el homenaje a ilustres personalidades de la literatura y el arte, a través de retratos que cuelgan sobre las mesas rústicas. Entre las reliquias del café hay una galería con 120 retratos de maestros de las letras argentinas. En sus primeros años reunió a la Generación del ’60, con figuras como Juan Gelman, Olga Orozco y Alejandra Pizarnik, y hoy suma música en vivo: jazz, tango y boleros. Un bar notable con alma literaria intacta.
Öss Kaffe — Belgrano Franklin D. Roosevelt 1894
El arquitecto y artista Fernando Iglesias Molli transformó el garaje de 20 metros cuadrados de su casa en un café de apenas 10 asientos. El interior es una mezcla entre desván, camarote de barco y biblioteca: dominan los colores cálidos, el hierro, la madera, los materiales reciclados y objetos de diferentes lugares del mundo. También tiene una barra afuera para los que prefieren sentarse al aire libre. La propuesta cafetera es amplia: Chemex, V60, AeroPress, Clever, Siphon, Cold Drip y Prensa Francesa, con granos de baja acidez de Brasil y Perú. Pequeño, de culto y con más gente en la vereda que adentro: el secreto mejor guardado de Belgrano.