Con solo 23 años, decidió dejar su lugar dentro de la cancha para empezar a contar el fútbol desde afuera. Cambió los botines por un micrófono, y aunque dejó de jugar, nunca abandonó su pasión. El periodismo deportivo se convirtió en su nueva forma de vivir el deporte, con la misma entrega y amor que cuando entraba a jugar un partido.
Desde abajo, cubriendo el Federal B, cubriendo partidos en canchas vacías, con frío y sin recursos. Pero fue avanzando paso a paso: Federal A, B Nacional, Primera División… hasta llegar a cubrir a la Selección Argentina. Un camino rápido, intenso y lleno de sacrificio, donde cada experiencia lo fue formando como profesional.
A pesar de todo, nunca dejó de nombrar al club de su vida: Cipolletti. Siempre dice que ahí nació su amor por el fútbol y su sueño de llegar lejos. Y lo resume con una frase que lo acompaña siempre: “3 meses no es poco”. Él es la prueba de eso.