Los datos oficiales del Registra Civil lo muestran claramente: existe una baja generalizada de nacimientos en la Ciudad, aunque con diferencias marcadas entre las distintas zonas. Mientras el norte perdió un 29% en la última década, en el sur la caída supera el 50%. Especialistas analizan las causas multifactoriales de esta creciente realidad que preocupa a la mayoría de los países a nivel mundial.
“Desde hace siglos, la humanidad se pregunta por la cantidad de personas que habitan el planeta. La preocupación por la densidad poblacional y el crecimiento no es nueva: desde Thomas Malthus, que en el siglo XVIII advertía que un exceso de población podía conducir a la pobreza, hasta las visiones contemporáneas que asocian la natalidad con el desarrollo o la autonomía”, afirma Mariana Lapeña, socióloga, especializada en la Gestión y Dirección de Organizaciones Sociales.
Distintos especialistas atribuyen esta realidad a diferentes causas. “El tema nunca fue neutral y a lo largo del tiempo, tanto economistas, gobiernos, movimientos sociales y feminismos le dieron sentidos distintos: por ejemplo, mientras algunos ven en la baja natalidad una amenaza al crecimiento, otros la interpretan como un signo de libertad y de avance en derechos”, agrega Lapeña.
Hoy, esa discusión se reactualiza frente a un fenómeno global: la baja sostenida de la natalidad. En este sentido, Buenos Aires no es la excepción y lo que hace unas décadas parecía una preocupación lejana hoy se vuelve visible en los registros y en la vida cotidiana. Las razones son múltiples y van mucho más allá de lo económico. “Por un lado, cambió la forma de pensar la familia, el trabajo y el futuro. Las personas -sobre todo las mujeres- tienen hoy más acceso a la educación, al empleo y a métodos anticonceptivos, y, por lo tanto, más capacidad para decidir si quieren tener hijos, y en caso de que lo deseen, cuándo y cuántos tener”, comenta la socióloga.
Para algunos intelectuales, la caída en la fecundidad refleja avances en equidad de género y en autonomía y no necesariamente un problema. Esto se ve con claridad en la fuerte baja de los embarazos adolescentes: entre 2014 y 2020 se redujeron un 55 % entre las menores de 20 años y un 58 % entre las menores de 15. A esos cambios se suman las condiciones materiales: la dificultad para acceder a vivienda, el costo de la crianza y la inestabilidad laboral empujan la maternidad hacia edades más tardías o directamente la vuelven una decisión postergada. En ese sentido, el descenso de la natalidad expresa tanto un cambio cultural como una crisis de expectativas frente al futuro y eso también involucra a las clases populares, lo cual es una novedad.
Desafíos de una población envejecida
Los datos del Registro Civil, analizados por zonas geográficas, muestran que la zona sur -que incluyen comunas como Villa Lugano, Nueva Pompeya o Villa Soldati- pasó de 13.075 nacimientos en 2013 a apenas 6.328 en 2023: una caída del 51,6%. En el Centro, la baja fue del 47,6% (de 19.301 a 10.124). Y en el Norte, donde se ubican barrios como Belgrano, Núñez y Recoleta, el descenso fue más moderado -28,8% (de 10.262 a 7.308).
Según Lapeña, el envejecimiento poblacional, consecuencia directa de esta tendencia, abre nuevos desafíos. “A mediano y largo plazo, impactará en los sistemas previsional y de salud, y pondrá más presión sobre las redes de cuidado. Habrá menos personas en edad activa y más adultos mayores que necesitarán acompañamiento, lo que obligará a repensar cómo sostenemos la vida en comunidad. Pero esto no implica una crisis en sí misma, siempre que las políticas públicas logren adaptarse a la transición: invertir en productividad, empleo formal, cuidado y bienestar puede compensar la menor natalidad”.
En la Ciudad de Buenos Aires, los datos del Registro Civil muestran una caída marcada entre 2013 y 2023, aunque con fuertes diferencias territoriales: en el norte -la zona históricamente de mayores ingresos- la baja ronda el 30%, mientras que en el sur supera el 50%. Esta distribución se asocia, en gran medida, al nivel socioeconómico y educativo de la población. Según el Informe IDECBA (2025), en las comunas con mayor nivel de instrucción materna la fecundidad tiende a ser más reducida. En general, las mujeres con mayor nivel educativo y mejores condiciones laborales tienden a retrasar la maternidad, y esto impacta en la tasa de fecundidad general. Aunque allí nacen menos bebés que antes, las mujeres del sur siguen teniendo en promedio más hijos que las del norte o el centro. En otras palabras, las brechas económicas y sociales también se reflejan en la demografía.
Maternidades con achiques y cierres
La baja en la natalidad trajo aparejada, además, recortes y cierres de maternidades icónicas de Buenos Aires como la del Instituto Argentino de Diagnóstico y Tratamiento (IADT) que cerró su sala de partos en 2022 por falta de pacientes. Además, finalizó sus servicios el Instituto Médico de Obstetricia (IMO) y las salas maternales en la Clínica Constituyentes y la Clínica Santa Isabel. En el Sanatorio de la Trinidad, del Grupo Galeno, se cerró el servicio de maternidad del Sanatorio de la Trinidad Mitre y se concentró en Trinidad Palermo. Varias fuentes consultadas, que prefieren hablar en off, afirman que la mayoría de los Sanatorios de la Ciudad de Buenos Aires están reduciendo camas en los sectores de maternidad y evalúan que sean ocupadas por otras especialidades médicas más rentables.
Las matrículas de los colegios también se resienten
Según un reciente informe del Ministerio de Educación de la Ciudad de Buenos Aires, la matrícula del nivel inicial (jardín de infantes) cayó un 34% respecto de 2019. Y proyectan para 2028 que también afecte al nivel primario, reduciéndose un 25%.
Para la Lic. Rosamarina Álvarez, ex jefa del Psicopedagogía del Hospital de Clínicas “José de San Martín” y con gran experiencia en gabinetes en colegios privados, la baja en los nacimientos ya es palpable, sobre todo en las primeras salas de jardín. “En muchos jardines y colegios de Buenos Aires estamos viendo que hay cada vez menos chicos inscriptos. Esto no se debe a una falta de interés por la educación inicial, sino a que directamente nacen menos bebés. La baja de natalidad que se viene registrando en los últimos años empieza a sentirse en las aulas. Desde lo pedagógico esto nos interpela: las familias hoy postergan o deciden no tener hijos por temas económicos, laborales o de estilo de vida, y esto cambia también la dinámica de las escuelas y a la manera en que pensamos la infancia y la comunidad educativa.”. Por otra parte, Álvarez enumera algunos problemas que puede traer para la educación como el cierre y fusión de salas, la desigualdad entre zonas, la inestabilidad laboral para docentes y cambio en la socialización infantil. “Esto nos plantea desafíos en la planificación ejecutiva, pero también puede ser una oportunidad para ofrecer una educación más personalizada, con más atención a cada niño y niña y más espacio para acompañar los procesos de aprendizaje y crianza”, finaliza.
Los profesionales consultados coinciden en que lo importante no es solo cuántas personas habitan o son parte de la población, sino cómo viven y cómo eligen hacerlo. El desafío actual es acompañar este cambio con políticas que garanticen que vivir más -y de otras maneras- sea también vivir mejor.
Ficha Técnica: Indicador: Nacimientos inscriptos en el registro civil
Enlace: https://www.estadisticaciudad.gob.ar/si/dnnya/principal-indicador?indicador=dep_i0102_nacregciv1&cortante={%22annio%22:true,%22desagr%22:true}