Ubicada en el extremo sur del continente americano, Ushuaia es mucho más que una ciudad pintoresca entre montañas y canales. Es un punto de encuentro entre la historia, la naturaleza salvaje y la aventura. Cada año, miles de visitantes llegan atraídos por su geografía única, su clima cambiante y su cercanía a la Antártida. Pero Ushuaia también guarda secretos en sus alrededores que valen cada kilómetro recorrido. En esta nota, te presentamos tres lugares que no podés dejar de visitar si viajás al fin del mundo: desde paisajes de ensueño hasta testimonios del pasado que forjaron la identidad fueguina.
1. Tolhuin, el corazón de la isla

Este poblado se encuentra en la zona centro de la Isla Grande de Tierra del Fuego, a medio camino entre Ushuaia y Río Grande. Su nombre significa “corazón” en lengua Selk’nam, y no por nada: Tolhuin es un punto estratégico y simbólico dentro del territorio fueguino.
La ciudad está situada en la cabecera del imponente Lago Fagnano, que se extiende de este a oeste por más de 100 kilómetros, cruzando hacia territorio chileno. En sus alrededores se encuentran tres Reservas Provinciales: “Corazón de la Isla”, “Laguna Negra” y “Río Valdez”, verdaderos refugios de biodiversidad.
Quienes visitan Tolhuin pueden disfrutar de caminatas, cabalgatas, camping y pesca en un entorno natural donde se combinan bosques nativos, lagunas ocultas, cerros ondulantes y ríos cristalinos. Es un destino ideal para quienes buscan tranquilidad, contacto con la naturaleza y una experiencia auténtica en Tierra del Fuego.
2. La senda a la Laguna Esmeralda

Si viajas pocos días en Ushuaia y querés realizar un trekking accesible pero inolvidable, la Laguna Esmeralda es una visita obligada. El inicio de la senda se encuentra a solo 18 kilómetros del centro de la ciudad, sobre la Ruta Nacional Nº 3, fácilmente reconocible por un amplio estacionamiento al costado del camino.
Este recorrido, de dificultad media, atraviesa un hermoso bosque de lengas, cruza turberas y asciende suavemente hasta llegar a la laguna de deshielo, famosa por el increíble color verde esmeralda de sus aguas. El paisaje está enmarcado por montañas y glaciares, ofreciendo un espectáculo natural que deja sin aliento.
Es una actividad perfecta para quienes quieren conectar con la naturaleza sin emprender largas caminatas. Sin embargo, debido a las condiciones del terreno —especialmente en invierno o después de lluvias— se recomienda hacer el recorrido con guías de montaña para garantizar mayor seguridad.
3. El Presidio de Ushuaia: entre historia y leyenda

Una visita al Museo del Presidio de Ushuaia permite adentrarse en uno de los capítulos más oscuros y fascinantes de la historia local. La construcción de esta cárcel, llevada a cabo por los propios penados entre 1902 y 1920, fue un hito que impulsó el desarrollo de la ciudad.
Bajo un régimen de trabajo estricto, los internos no solo construyeron sus propias celdas, sino que también sentaron las bases del crecimiento urbano: instalaron la primera imprenta, el servicio telefónico, la electricidad y hasta habilitaron el Tren del Fin del Mundo.
El presidio albergó a los presos más peligrosos del país, quienes perdían su identidad para ser identificados solo por un número. Entre sus reclusos más notorios se cuentan Cayetano Santos Godino, conocido como el «petiso orejudo», y el anarquista Simón Radowitzky.
Clausurada en 1947, la cárcel funciona hoy como museo y ofrece un recorrido impactante por sus pasillos y celdas originales. El visitante puede explorar el Pabellón Histórico, leer cartas de presos, observar objetos fabricados por ellos y sumergirse en una atmósfera que pone la piel de gallina. Es un sitio que interpela, conmueve y ayuda a comprender cómo se forjó la identidad de Ushuaia.
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