Escuchá Ji Ji Ji

Especial Interactivo

La Misa Nómade

De la separación al ritual federal

La mítica banda Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, mejor conocida como Los Redondos, sobrevivió a la separación de la banda original y se transmitió a una generación que nunca los vio en vivo. El público del indio solista se llenó de adolescentes y jóvenes que nacieron después del 2001.

Cuando Patricio Rey anunció su 'parate' en 2001, muchos decretaron la muerte del movimiento juvenil más grande del país. Pero Carlos 'Indio' Solari tenía otros planes. Con la salida de El tesoro de los inocentes en 2004, las huestes ricoteras iniciaron una migración inédita.

Ya no eran los teatros de Capital; el fenómeno se volvió federal, nómade y, por sobre todo, familiar. En las previas de Tandil o Mendoza, el paisaje cambió: al lado del viejo militante de las huestes de Huracán, hoy camina su hijo de 17 años con una remera de Porco Rex. La mística mutó en herencia, demostrando que el árbol ricotero sigue dando brotes nuevos en pleno siglo XXI.

"A mis conciertos viene mucha gente joven, chicos que ni habían nacido cuando tocábamos en los ochenta o noventa. Eso es lo más milagroso de este asunto. Yo veo a esos pibes desde el escenario y me pregunto qué buscan, qué encuentran en estas canciones viejas y nuevas. Creo que buscan una verdad, un refugio que el sistema no les da. Hay una herencia que se pasa de padres a hijos, una necesidad de pertenecer a algo que sea de verdad auténtico."

— Indio Solari, “Recuerdos que mienten un poco”

En estos testimonios podemos ver reflejado el impacto que atravesó generaciones:

C

Carlos

@carlitosuuvl • 53 años

"Yo vi a Los Redondos en lugares chicos, vi la transición a los estadios y sufrí como loco la separación en 2001. Pensé que se había terminado la escuela para siempre. Cuando el Indio largó de solista, volví a nacer. Pero lo más emocionante me pasó hace unos años, cuando mi hijo de 16 me pidió ir a Olavarría. Viajar con él en el micro, armar la carpa y meternos juntos al pogo de 'Ji Ji Ji' fue el momento más feliz de mi vida. Le pasé la posta."

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M

Milena

@godisultimo • 21 años

"Sé perfectamente que nací tarde, que no viví los noventa y que nunca voy a ver a Los Redondos originales. Pero el Indio solista es otra cosa, es nuestra época. Canciones como 'Flight 956' o 'Había una vez' son los temas de mi vida. Cuando voy a ver a Los Fundamentalistas y el Indio sale en la pantalla gigante, lloro igual que si estuviera ahí parado. No me importa la pantalla; lo que importa es que miro a los costados y somos miles de pibes de mi edad cantando lo mismo. Esa energía no te la da ninguna otra banda hoy en día."

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El Indio planteó un refugio, una trinchera emocional donde la frialdad de las pantallas se rinde ante el calor de un abrazo con un desconocido, y donde el dolor propio se disuelve en el grito sagrado de una multitud.

"El pogo no es violencia, el pogo es amor, es comunión. Esos chicos viajan miles de kilómetros, duermen en una plaza, pasan frío, solo para estar juntos durante dos horas. El show es la excusa; el verdadero fenómeno es ellos. Yo soy solo el que convoca, pero la mística la heredaron y la refundaron los pibes".

El pogo más grande del mundo ya no necesita un escenario para existir. Se mudó para siempre a la memoria colectiva, a las esquinas de los barrios, a la historia viva de nuestra cultura popular. El ritual puede terminar cuando se prende la luz general, pero la mística ricotera descubrió el secreto de la inmortalidad: se transformó en un sentimiento infinito, grabado a fuego, para toda la eternidad.