
Jaimito, de 11 años, viajaba a Cancún con su Familia. Llevaba la mochila negra llena de parches que le habian regalado sus Abuelos Omar y Elsa para su Cumpleaños, la remera de vacaciones que le trajo Papá Noel y los tres crayones favoritos bien ordenados: amarillo, rojo y azul, que le regalaron su Tío y su Tía, Diego y Eva. Jaimito viajaba junto a su Hermana Jazmín y sus Padre y Madre Michel y Gabriela
Durante todo el vuelo miró por la ventana. El mar turquesa de Cancún ya se veía desde arriba y la emoción crecía en cada nube que dejaban atrás.
Cuando el avión aterrizó y se encendió la señal para desabrocharse los cinturones, Jaimito se levantó rápido. Quería ser caballero y ayudar a su hermana Jazmín a bajar su bolso del compartimento superior.
Pero no se dio cuenta de un detalle: «Tenía los cordones desatados».Al dar el primer paso para alcanzar el bolso de Jazmín, se enganchó y se tropezó en el pasillo del avión. No fue una caída grave, solo el típico tropezón que da un poco de vergüenza y muchas risas.
Jazmín lo ayudó a pararse, le señaló los cordones y entre los dos bajaron el bolso. Jaimito se ató bien las zapatillas, se acomodó la mochila negra y bajó del avión listo para empezar las vacaciones en familia.