¿Los puntos grises se vuelven negros en la emigración?

Pablo Andrés festejando su cumpleaños número 49 en familia.

Casado, con cuatro hijas y una carrera como sargento primero en la Policía Federal. Mientras se desarrollaba como pastor evangélico en la iglesia Casa del Alfarero, en enero del 2021, Pablo Andrés decidió dejar Argentina junto a su familia para ir a misionar a una pequeña iglesia evangélica en la capital de Minas Gerais, Belo Horizonte, Brasil. Un país vecino que terminó siendo más lejano culturalmente de lo que esperaban.

¿Cómo tomaste la decisión de ir a misionar a otro país con tu familia?

—Fue una decisión consensuada con Xime (su esposa). Siempre hablamos de probar vivir en Brasil. Un día surgió la necesidad de cubrir a un misionero y no lo dudamos mucho, casi todo era positivo. Algunos puntos eran negativos.

¿Por qué te dedicaste a la vida pastoral?

—Porque siempre me sentí en mi agua supliendo necesidades, ayudando, ser y estar para el prójimo. Llegué a ser pastor a través de un proceso largo, respondiendo a diferentes desafíos, necesidades. Fuimos aceptando una vida de restricciones y de servicio cada vez más comprometida. Mi carrera policial, mi vida en la iglesia… siempre todo lo que hice fue como una forma de servicio.

¿Cómo creés que los impactó como familia emigrar?

Ese es uno de los puntos grises a la hora de decidir, uno no sabe cómo impactará emigrar en cada uno. Como familia quedamos expuestos a varias crisis debido a los choques culturales y el desarraigo. Pero nos abrió la cabeza en muchos sentidos, la necesidad de volver, por ejemplo. Siempre se sintió muy lindo volver, como dice el tango. Los amigos, los viejos, el clima, la ciudad, las comidas, ¡pagar en pesos!

Volví porque en mi balanza la familia es primero, volver inició un proceso de sanidad.

¿Cuáles fueron esos puntos negativos que tuvieron en cuenta antes de irse? ¿Al final tuvieron más peso del que esperaban?

—Y, un punto negativo es ese punto gris en el que vos no sabés lo que va a pasar. Son muchas incógnitas. No sabés cómo vas a lidiar con el shock cultural, el shock del idioma. Lo tomo como negativo porque son incertidumbres. Y al final esos puntos grises se volvieron negros, negativos. Sí, al final no valía la pena exponer la familia a ese sufrimiento

¿Sentís que ahora que pasó un tiempo desde que volvieron pudieron sanar esas crisis?

—Familiarmente creo que estamos en un punto de inflexión, de transformación. Ese proceso que, con las actitudes correctas, nos está ayudando a superarnos y sanar.

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