Los Trastornos Mentales atraviesan a todos: “Es importante trabajar sobre la aceptación; saber dónde estamos parados para saber hacia dónde ir”

Mariana Retamales es Licenciada en Psicopedagogía y se especializa en la evaluación neurocognitiva y el aprendizaje de niños y adolescentes; hoy en día, profesionales como ella luchan contra la desinformación y el abandono estatal para poder construir un país más seguro para todos.

Los Trastornos Mentales son un tema que se escucha lejano para quien no tiene que vivir con su presencia en el día a día; un problema reservado para unos pocos.

La realidad es más complicada que eso.

El contexto social en el que se vive actualmente en Argentina, en donde cada semana pareciera que sale a la luz una controversia nueva, hace que se pierdan de vista cuestiones que atraviesan a toda la población.

Depresión, ansiedad, salud mental; son palabras que se escuchan a diario en las redes sociales. Este último tiempo pareciera que incluso se volvió tendencia hablar de ellas. Sin embargo, son pocas las personas que realmente entienden la profundidad del alcance de estos diagnósticos. 

Futuros adultos

“Si hablamos de salud mental, todavía hay muchísimo perjuicio», cuenta Mariana sobre las patologías mentales que afectan a los más jóvenes. “Pensar en que un niño padezca una psicosis o incluso pensar en un niño con depresión son cosas casi inexistentes.”

Pero la tasa de suicidio entre los adolescentes argentinos está en un pico histórico desde la pandemia; sin tener en consideración los casos no registrados. “Es una alarma horrible”, dice al respecto la psicopedagoga.

La falta de conocimiento sobre la salud mental hace que sea difícil para un padre poder detectar las señales a una edad temprana. “Nenes que no caminan a los dos años, nenes que a los tres todavía no hablan; hay cosas que no les parecen extrañas. Y ahí perdimos un tiempo super rico para trabajar en el desarrollo del niño.”

En estos casos, la desinformación no solo trae a la falta de herramientas para poder acompañar a los hijos, sino también la falta de aceptación dentro de la propia familia. 

Los niños que pierden la contención de sus padres ante su desconocimiento sobre el tema se transforman en adultos que pierden la contención de la sociedad. Las personas con diagnósticos no se mueven en solitario, viven dentro de una comunidad; y, una comunidad a la que no le es dada las herramientas básicas de aceptación y apoyo, puede desencadenar una situación de peligro tanto para la persona diagnosticada como para el resto de la gente.

La vida dentro del barrio

Isabella Morales tenía entre 7 y 10 años cuando su vecina vino gritando a pedir ayuda. Esa noche, familiares se habían quedado a comer, y ella y su abuela los estaban despidiendo en la puerta en el momento en el que la mujer llegó a su casa con los brazos ensangrentados.

La señora, de unos 50 o 60 años, vivía con su hijo (quien sufría una patología mental severa) desde que Isabella tenía memoria. Todas las noches se escuchaban gritos, peleas; a veces incluso en medio de la calle a la madrugada. Esa noche la agresión había llegado a un extremo que nunca antes había cruzado.

La mujer contó que su hijo la había cortado a lo largo de los brazos. La policía retuvo al hombre por una noche, al día siguiente fue devuelto a la casa.

Ambos siguieron viviendo bajo el mismo techo y los gritos continuaron todas las noches sin falta, por años. La familia de Isabella se mudó del barrio, temiendo encontrarse al hombre. Los vecinos marginaron a madre e hijo; en parte por miedo, y en parte por bronca de que su vecina haya permitido que su hijo volviera a su casa sin consecuencias.

La falta de contención hacia la gente con diagnóstico—tanto como a la no diagnosticada—y sus familias crea una bola de prejuicios y abandono. En el caso de estas dos personas, esta culminó en un evento en el que peligró el bienestar, no solo de la familia, sino de los vecinos. Consecuentemente, se llevó al aislamiento del hombre diagnosticado con un Trastorno Mental y de su madre; circunstancias que dejan el camino libre a un nuevo accidente.

Un ambiente seguro

«Cualquier niño o persona adulta que esté bajo tratamiento está 45 minutos, 1 hora, y después se van. Después hay personas responsables, ayudantes, que están con ellos 24-7, especialmente con los niños. Entonces es muy difícil pensar en trabajo de la salud mental general aislado,» Mariana añade para resaltar la importancia del acompañamiento más allá del ámbito profesional.

El trabajo de un psicopedagogo no termina en el chico, se extiende hasta el entorno del niño. Tratan de instruir a los padres, darles herramientas, sacarles de la cabeza ciertos prejuicios que la sociedad implantó, para que puedan contener a sus hijos de la mejor forma posible.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *